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Desde la
época de la colonia española, la larga, angosta y estrecha Isla
de Cuba venía reclamando la existencia y construcción, con toda
urgencia, de una vía terrestre adecuada que enlazara al oriente
con el occidente del país y viceversa.
Las dos
ciudades más importantes del país, Santiago de Cuba y La Habana,
ubicadas casi en los extremos opuestos del territorio, tenían
entonces una complicada comunicación que muchos viajeros
preferían hacer por mar, bojeando toda la ínsula.
Sin embargo,
las personas acaudaladas o pobres no dejaban de moverse y
recorrían en carretas, carretones y a caballo aquel interminable
laberinto bautizado por la influencia hispana como Camino Real,
el cual unía a las ciudades principales con otras de menor
rango.
APARECE UNA
IDEA CONSTRUCTIVA
Justo debajo de la cúpula del Salón de los Pasos Perdidos, en el
centro mismo del Capitolio Nacional, se encuentra el diamante de
24 quilates que marca el kilómetro cero de la Carretera Central,
la
monumental obra que alcanzó los mil 139 kilómetros de largo y
cuya construcción duró tres años y nueve meses.
El
15 de julio de 1925 el Congreso aprobó la ejecución de la
Carretera Central, comenzándose de inmediato los estudios de
campo y el 27 de septiembre de 1926 se celebró la primera
subasta a la que concurrieron varias firmas nacionales y
extranjeras, aunque ninguna convino a los intereses del Estado.
En 1927 se
comienza la tan esperada y necesaria construcción de la
importante vía, que atravesaría de un extremo a otro a toda la
isla grande de nuestro archipiélago, ávido ya de una carretera
de esa índole para el movimiento de pasajeros y cargas.
La segunda
subasta se efectúo el 30 de noviembre de 1926 y se adjudicaron a
Empresas Compañía Cubana de Contratistas y Warren Brothers
Company, bajo la dirección del ingeniero Manual A. Coroalles,
quién estuvo al frente de los trabajos en todo el país.
En la obra
se siguieron los criterios técnicos que llevaban el terraplén
hasta el nivel deseado, para lo cual se consolidaba con un
cilindro de tres ruedas y un peso no menor de 10 toneladas, y el
material que no resistiera la consolidación se retiraba y
sustituía por piedra y gravilla.
Sobre ese
material se colocaba a mano una base Telford de 20 cm con rajón,
y arriba una capa de rajoncillo de 10 cm, que se cilindraba
posteriormente, y luego, sobre ella se fundía una placa de
hormigón de 30 cm de espesor y en caso de considerarse se
ubicaba acero de refuerzo.
La
superficie de rodamiento de la carretera se lograba con hormigón
bituminoso y en lugares de tránsito intenso se extendía sobre la
base de hormigón una capa de arena de 3 cm y después se situaban
adoquines de granito y las juntas selladas con un derretido de
mortero hidráulico.
En la medida
de lo posible, la carretera central siguió el antiguo trazado de
los Caminos Reales y mantuvo el ancho de faja de 20 metros. En
total se construyeron 1 139 kilómetros con un ancho de 6 metros
y en todo el trayecto tenía una base de hormigón hidráulico que
reforzaba la calidad de la misma.
El costo
total pagado a los contratistas fue de 107 millones 12 mil
pesos, pero después de añadirle los gastos incurridos por la
Secretaría de Obras Públicas en estudios, proyectos, gastos de
supervisión y control de la ejecución de la obra, ascendió a 111
millones de pesos.
Su ejecución
se realizó en corto tiempo: 3 años y 9 meses, desde el 20 de
mayo de 1927 que comienzan los trabajos por el pueblo de San
Francisco de Paula, hasta su recepción formal el 24 de febrero
de 1931, con un promedio de 25,3 kilómetros construidos por cada
mes.
Ese año, el
entonces presidente de Cuba, Gerardo Machado, inauguró la
Carretera Central, viejo sueño cubano de ver cruzada la Isla a
todo lo largo por un camino moderno y transitable, aunque la
extensa calzada enriqueciera en realidad al dictador y a sus
colaboradores, a costa del honorario público, quien siempre
terminaba pagando los intereses del mandatario de turno |